“El Estado no tiene libertad de prensa, la prensa libre es la de los medios privados”

Entrevista do Ministro Ayres Britto ao Clarin
Entrevista do Ministro Ayres Britto ao Clarin

17/11/13
Fue el presidente del Supremo Tribunal Federal del Brasil durante un inmenso escándalo de corrupción pública que terminó con la condena de José Dirceu, jefe de Gabinete del gobierno de Lula da Silva y hombre fuerte del PT (el Partido de los Trabajadores, el de Lula y el de Dilma). Carlos Ayres Britto fue propuesto para ser presidente del Supremo Tribunal precisamente por Lula. Y fue su voz y su relato la voz y el relato de la condena a José Dirceu, ¿El cargo concreto? Pagar sobornos en el Congreso brasileño. El caso es conocido en Brasil como el Mensalao. Ayres Britto dejó su puesto tras cumplir 70 años de edad, según lo estipula la ley en Brasil. Los avatares del Mensalao continuaron y esta semana la Corte decidió finalmente que Dirceu, el diputado José Genoino y el otrora tesorero del PT gobernante, Delubio Soares, fueran detenidos y encarcelados. Amante del fútbol, como todo brasileño de ley, de la poesía en portugués y de la filosofía, Ayres Britto es él mismo un poeta valorado en su país. Y es por cierto un jurista reconocido en el mundo entero.

¿Recibió presiones directas del gobierno de Lula mientras transcurría el proceso por el Mensalao?

Jamás.

¿No habló usted nunca en secreto con el presidente Lula durante el proceso, no lo llamaron nunca funcionarios allegados al presidente?

Nunca.

¿Nunca?

Nunca, jamás. Por supuesto, un juez debe reunirse con las partes que disputan entre sí, escuchar a todos. Pero las reuniones con las partes nunca fueron secretas. Y, esencialmente, hay una absoluta distancia entre el hecho de reunirse con las personas que se enfrentan en un juicio a obedecer a una de las partes. Podemos asistir a eventos protocolares con las autoridades electas, pero nunca en secreto.

No lo llamaron dice usted del gobierno, pero ante un caso de esa dimensión las presiones siempre existen. ¿Qué tipo de presiones recibió durante este proceso?

Era natural que toda la prensa, toda la sociedad, encendiera su mirada crítica, más curiosa, más aguda, más vigilante, sobre un caso de esa trascendencia. Toda la sociedad, toda la prensa, internacional incluso, lo siguió. Además, las sesiones del Supremo Tribunal son abiertas, públicas, se transmiten por Internet, son televisadas, las cubren las radios y los diarios. Todas esas emisiones eran en tiempo real. Los programas no eran editados. Lo que ocurría se transmitía. Entonces durante cuatro meses muy intensos, la sociedad fue vigilante, crítica, con el ojo encendido ante el caso. Fueron cuatro meses. Para la dimensión del caso, todo fue rápido.

¿Qué piensa usted de la prensa? Usted vivió el escrutinio de la prensa como nadie. ¿Le molestó?

Yo también llevé adelante en el Supremo Tribunal las discusiones y el dictamen sobre la naturaleza y el rango de la libertad de prensa en Brasil. La cuestión es simple. Se trata de respetar la Constitución y nada más. De acuerdo a la Constitución brasileña, la libertad de prensa es absoluta. Por eso en Brasil no hay leyes de prensa, basta con lo que enuncia la Constitución. Hay un estatuto de prensa sí, pero no una ley. La ley de prensa es la Constitución, y la libertad de prensa es un principio pétreo, así lo denominamos. Es de piedra. No puede modificarse. La libertad de prensa es un derecho individual y los derechos individuales son intocables.

¿Cuál es la relación actual entre el Gobierno, la justicia y la prensa en el Brasil?

La prensa atraviesa su mejor periodo histórico en Brasil. Tras la decisión del Poder Judicial de asumir el compromiso total con la libertad de prensa absoluta que ordena la Constitución, hay total conciencia de que una prensa plenamente libre es un imperativo constitucional y un requisito vital de la democracia. Hay un vínculo umbilical entre democracia y prensa libre. Se retroalimentan. Cuanto más se prestigia la prensa más se tonifica y se fortalece la democracia y viceversa. La prensa vive hoy su mejor momento histórico en Brasil, y por ende, la democracia también. La plena libertad de prensa está en la Constitución: párrafo primero del artículo 220. ¿Y qué es plena? Plena libertad de prensa significa que es completa, íntegra, llena, monolítica. No hay grietas para la censura previa.

¿El gobierno militar brasileño había suspendido “legalmente” la libertad de prensa?

La dictadura en Brasil había promulgado en 1967 una ley de prensa. Era una ley orgánica de prensa, que operaba comprimiendo y mutilando la libertad. Era una ley autoritaria y truculenta. Pero el Tribunal Supremo en democracia decidió que esa ley militar de prensa fuera declarada incompatible con la Constitución. Ese fue mi voto. Y se derrumbó toda la ley de la dictadura. No hay nada, absolutamente nada de esa ley.

¿Pero qué sucede frente a las calumnias o las injurias, por ejemplo?

Nadie le puede impedir a priori a la prensa o a las personas que se expresen y que eventualmente se excedan. No hay ni puede haber mordaza ninguna. Por supuesto, quien se exceda deberá responder a posteriori legalmente por eso. Pero no hay impedimentos por anticipación. La prensa habla primero, ese es el lema, y eso no se puede ni se debe impedir. Y el Poder Judicial habla al final. Si lo que se expresa a través de la prensa es judiciable, existirá una acción jurídica. Lo que está claro es que no hay mordaza ninguna.

¿Cuál es entonces el rol del Estado ante la prensa?

El Estado no tiene libertad de prensa.

¿Cómo es eso?

El Estado sólo puede querer lo que la ley quiere. La prensa no tiene esa restricción. La prensa puede enunciar lo que fuera. Prensa es libertad. ¿Qué es libertad? Autonomía de la voluntad. El Estado no tiene autonomía en esto. Repito: sólo puede querer lo que quiere la ley. El Estado no puede hacer marketing de sí mismo. La prensa, sí. La prensa es privada. Eso quiere decir que no hay, ni deben existir antídotos específicos contra la prensa para impedir eventuales abusos. Todo está en la Constitución. Y lo digo en términos poéticos: “no es por el temor al abuso que se va a prohibir el uso”. La prensa eventualmente descomedida, el Poder Judicial eventualmente descomedido, encuentran respuesta en la Constitución, en el plano de las consecuencias, de la responsabilización. Es que la vida enseña que no se le puede impedir a nadie que se exceda, pero quien se exceda va a responder por los excesos.

¿Entonces no hay prensa estatal?

El Estado tiene medios públicos, que son canales de difusión estatal, aparatos de comunicación social, pero bajo ningún aspecto aparatos de propaganda estatal. El Estado no puede constitucionalmente hacer marketing de sí mismo. En Brasil, lo que denominamos específicamente prensa son los medios totalmente privados. El Estado no puede hacer nada frente a eso, ni debe hacerlo. Salvo conceder las licencias en el campo audiovisual. Las concesiones son un pasaje hacia la iniciativa privada. Hay reglas, claro. Las licencias en radio duran 10 años. Y 15 años para la televisión, y pueden ser renovadas indefinidamente. De acuerdo a la Constitución, el servicio público de la comunicación debe ser concesionado a los privados.

¿Y cómo es el sistema de difusión pública estatal?

Yo entiendo que estos medios públicos son organismos, medios, aparatos, de comunicación social. Si toda prensa es comunicación social, no toda comunicación social es prensa. Porque la prensa informa bajo la perspectiva de formar opinión pública. El Estado solamente informa. Solamente comunica. No puede tener la pretensión de formar. No debe confundirse nunca propaganda con publicidad estatal. Publicidad es tornar públicos los actos del Estado. La prensa en cambio puede formar, influir en el curso de la opinión pública. La prensa es privada.

¿Cuál es la filosofía jurídica que rige para los medios audiovisuales?

En Brasil es así. Como he dicho, no todos los medios son sinónimo de prensa. La prensa es una parte de los medios. Yo entiendo, como jurista, lo repito una y otra vez, que según nuestra Constitución no hay prensa estatal. Hay medios estatales, pero no prensa estatal. La prensa y el Estado son como el agua y el aceite. Lo voy a decir de otra forma. Toda prensa es un organismo de comunicación social. Pero no todo organismo de comunicación social es prensa. El Estado tiene sus organismos de comunicación social, pero no son medios de prensa. Prensa es libertad. El Estado no tiene libertad, no tiene autonomía de voluntad. Cada persona tiene su voluntad individual. ¿Pero cuál es la voluntad del Estado? ¿El Estado tiene voluntad? Sí, pero no es una voluntad subjetiva, sino que es la voluntad objetiva de la ley. El Estado sólo puede querer lo que la ley quiere. La prensa, no. Prensa es libertad. ¿Qué es libertad? Autonomía de voluntad. El Estado no tiene autonomía de voluntad. Sólo pude querer lo que quiere la ley.

¿Y si la prensa opina en contra de lo que ordena la ley?

Está en su derecho. Deberá eventualmente someterse a las consecuencias jurídicas si las hubiera. Puede opinarse en contra de la ley, pero no transgredir la ley, obviamente. La prensa libre es la base de todos los valores: el desarrollo, la justicia, la libertad, la igualdad, la legalidad. La prensa es la democracia y la democracia es la prensa. Son siamesas. La savia más nutritiva de la democracia es la libertad de prensa.

Copyright Clarín, 2013.