Libertad de prensa y Justicia: señal de Brasil con eco en la Argentina

Entrevista do ex-Ministro Ayres Britto ao Clarín
Entrevista do ex-Ministro Ayres Britto ao Clarín

SAN PABLO CORRESPONSAL – 15/11/12
Para el presidente de la Corte Suprema de Brasil, “la plena libertad de prensa” es una condición estructural de la democracia, es su “línea de largada”. Carlos Ayres Britto, magistrado al que le tocó precisamente conducir el juicio a los más altos ex integrantes del primer gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvo que esa libertad es la garantía “del principio de todos los principios constitucionales, que es la democracia”.

Cuestionó declaraciones de “un gobernante sudamericano”, cuyo nombre no mencionó, por suponer que “la democracia es incompatible con la libertad de prensa”. La crítica de Ayres Britto fue contundente: “No hay democracia sin libertad de expresión”. El magistrado asumió un cargo en el Supremo Tribunal hace casi 10 años. Y fue por designación del ex presidente Lula da Silva. Llegó a la titularidad de la Corte en marzo último y desde ese lugar debió conducir al cuerpo en uno de los procesos más difíciles de la historia brasileña, un juicio que todavía se sustancia en esa máxima instancia judicial y que ya condenó por delitos de corrupción al ex hombre fuerte de Lula, el ex ministro José Dirceu.

En una entrevista concedida al canal Globo News , explicó la absoluta independencia con la que se movió el Supremo Tribunal durante el juicio. Cuando la periodista le preguntó por las dudas que habían existido previamente por cuenta de que una mayoría de la Corte fue nombrada por Lula, incluido el propio magistrado, Ayres Britto respondió: “Ser ministro del Supremo no es un cargo por comisión ni una función de confianza (del Ejecutivo). Este cargo debe ser ejercido con absoluta independencia y en todo instante”. Reforzó esa línea al añadir: “No se puede estar agradecido por la toga (de magistrado). La toga exige que seamos fieles a las leyes y, especialmente, a la Constitución”.

El magistrado, pronto a jubilarse, insistió con la necesidad de una vigencia irrestricta de la libertad de prensa. “ Soy un apologista de esa libertad”. A él le tocó presentar en el Supremo Tribunal de Justicia (la Corte) la argumentación para derribar mediante una acción de inconstitucionalidad la norma en vigencia desde 1967. “Fue el reconocimiento de la plenitud de la libertad de expresión en lato sensu, porque abarcó todas las esferas de la manera más general posible”.

Estas declaraciones del principal juez brasileño deben leerse en la clave del contexto político de Brasil. La realización del juicio por la compra de votos que existió en los dos primeros años del gobierno de Lula, llevó al Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece la presidenta Dilma Rousseff, a pronunciarse repetidamente contra la prensa brasileña. La acusó de marcar el paso a los jueces del Supremo Tribunal.

“La Corte no es sumisa ni rehén de la opinión pública” contestó Ayres Brito. “Pero si una decisión del Supremo Tribunal Federal coincide con el pensar colectivo más profundo, más legítimo, entonces estamos en la gloria, porque se da la conciliación entre la vida y el derecho”.

Pero el PT, que dista de concordar con el enfoque del magistrado, fue un poco más lejos. Volvió a reflotar un plan que había sido encajonado cuando Dilma asumió el poder. En un encuentro con corresponsales extranjeros, donde estuvo Clarín , el presidente del PT Rui Falcao, sugirió que a partir de las circunstancias en las que se desenvolvió ese proceso volvieron a tomar cuerpo las intenciones de los legisladores de este partido de reflotar un proyecto de “regulación” de las actividades periodísticas.

Cuando los periodistas le interrogaron acerca de la viabilidad que podría tener esa iniciativa en el gobierno de Dilma, férrea defensora de la libertad de expresión, el dirigente reconoció: “Nosotros queremos que se presente ese proyecto. Ahora, eso no quiere decir que vaya a prosperar”.

En ese contexto, resultan sugestivas las precisiones dadas por Ayres Britto, quien consideró a la libertad de prensa como “gemela” de la democracia y de un “Poder Judicial soberano” . Y enfatizó que “sólo en un ámbito de democracia es posible la soberanía de la Justicia, y puede desenvolver su misión de sancionar aquello que esté de acuerdo o vetar lo que estuviera en contra del orden jurídico”